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Bioseguridad en el ámbito de salud institucional

Sinopsis

A lo largo de la historia, los brotes de enfermedades infecciosas se han propagado periódicamente a través de distintas poblaciones y regiones, afectados en gran parte por el movimiento de personas, animales y productos comerciales en nuevas regiones. En el siglo XVI los exploradores españoles llevaron la viruela al Nuevo Mundo y regresaron con sífilis. La longevidad promedio de los primeros humanos no superaba los 30 años de edad; desde el australopiteco que habitó África hace más de 4,4 millones de años hasta la del Homo sapiens europeo de hace 50.000 ó 10.000 años, no ha variado significativamente. Ni durante el imperio romano ni en la edad media se observaron incrementos significativos en la esperanza de vida; así los hombres vivían un promedio de 44 años y las mujeres 33,7 años. La esperanza de vida hasta los últimos 150 años no superaba los 35 años de edad. Recién en el siglo XX se producen incrementos continuos de la esperanza de vida al nacer; las causas de dicho incremento son variadas, pero fundamentalmente se deben a las mejoras en la salubridad e higiene, las vacunas y los antibióticos. Es entonces a principios del siglo XX cuando los avances en la medicina y la ciencia trajeron un nuevo optimismo en la lucha contra las enfermedades infecciosas. Las mejoras en la higiene y en el conjunto de las condiciones de vida condujeron a la generación de alimentos y agua corriente más seguros y mejoraron la gestión de desechos y residuos. El desarrollo y distribución de vacunas y antimicrobianos más efectivos redujeron aún más la morbimortalidad por enfermedades infecciosas. Como consecuencia, hubo un aumento de la expectativa de vida durante la segunda mitad del siglo XX: de 46,5 años entre 1950 y 1955, a 65,2 años en 2002. Recientemente, el Banco Mundial ha comunicado que en el año 2020, el promedio de esperanza de vida es de 73 años, siendo Japón (85 años) y Lesotho (55 años) los países con la mayor y menor esperanza de vida del mundo respectivamente; Argentina ocupa el puesto 65 de este ranking conformado por 195 países, con una esperanza de vida de 76 años. Lamentablemente, estos éxitos no se aplican a los países más pobres y las desigualdades entre los países pertenecientes al eje desarrollado-subdesarrollado son más notorias en los niños. El impacto de las enfermedades infecciosas se puede observar claramente, con un 26% de mortalidad en países no desarrollados. Actualmente, los retos en salud pública son: los cambios de la demografía y el cambio en el comportamiento humano, el efecto de las nuevas tecnologías e industrias, el desarrollo económico y los cambios en el uso de la tierra, el aumento de los viajes y comercio internacional, la adaptación y cambio en los patrones de resistencia a los antimicrobianos por los microorganismos y las insuficientes medidas de salud pública. Hoy en día, en el mundo globalizado e interrelacionado, aumenta la probabilidad de que patógenos infecciosos accedan rápidamente a nuevos ambientes y poblaciones, incrementando la propagación de las resistencias a antimicrobianos. Varios ejemplos clarifican este tema, siendo el último y más reciente, la dramática pandemia por SARS CoV-2 que produjo la Enfermedad por Coronavirus en el año 2019 (CoVid-19), que produjo la muerte de millones de personas en todo el mundo y que aún no ha finalizado. Otro problema de importancia creciente es la aparición y propagación de patógenos fármaco resistentes que han adquirido nuevos mecanismos de resistencia, lo que conduce a la resistencia a los antimicrobianos disponibles, comprometiendo la capacidad para tratar las infecciones. Es especialmente alarmante la rápida propagación mundial de bacterias multirresistentes y panresistentes (denominadas también «superbacterias») que provocan infecciones que no pueden tratarse con los medicamentos antimicrobianos de uso frecuente, como los antibióticos.

Información


  • Judith Celina Bernstein

    Doctora en Medicina, Universidad Nacional de La Plata. Especialista Consultora en Infectología Profesora Titular. Cátedra de Microbiología y Parasitología. Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata. Jefa del Departamento de Articulación de Ciencias Básicas y Clínicas, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata. Jefa de la Unidad de Infectología, Hospital Zonal General de Agudos “Mi Pueblo”, Florencio Varela, província de Buenos Aires.


  • Nora Patricia Mattarollo

    Médica, Universidad Nacional de La Plata. Especialista Universitaria en Infectología. Profesora Adjunta. Cátedra de Infectología. Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata. Jefa de Trabajos Prácticos. Cátedra de Microbiología y Parasitología. Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata. Ex Jefa de la Unidad de Infectología, Hospital “Dr. Mario V. Larrain”, Berisso, província de Buenos aires.


  • Ricardo Hugo Pérez

    Médico, Universidad Nacional de La Plata. Especialista en Infectología. Ayudante Diplomado. Cátedra de Microbiología y Parasitología. Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata. Infectólogo del Hospital Interzonal de Agudos y Crónicos “Dr. Alejandro Korn”, La Plata, provincia de Buenos Aires.


  • Juan Pablo Stagnaro

    Médico, Universidad Nacional de La Plata. Especialista en Infectología. Magister en Efectividad Clínica Director de Medicina Asistencial y Promoción de la Salud. Dirección provincial de Salud Penitenciaria de la província de Buenos Aires. Jefe de Trabajos Prácticos. Cátedra de Microbiología y Parasitología. Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata.

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